El agua como activo inmobiliario: Alvaro Castro Burgueño analiza el segmento que más valoriza en el corredor norte

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Alvaro Castro Burgueño tiene una convicción que construyó observando de primera mano cómo evolucionan los precios en el corredor norte del Gran Buenos Aires: el agua es el activo de valorización más consistente y más difícil de replicar que existe en el mercado inmobiliario del corredor. No el verde en general —que abunda en el corredor y que cualquier proyecto puede incorporar con suficiente tierra y presupuesto de paisajismo. El agua específicamente: la laguna natural que existía antes de que llegara el primer barrio, el espejo artificial bien ejecutado con salida náutica, el río que corre al fondo del lote. Esos activos no se construyen de la nada. Se preservan o se crean con una inversión de tiempo y capital que el mercado traduce en un diferencial de precio que ninguna otra variable del corredor norte produce con la misma consistencia.

Los números son elocuentes. En el corredor de Escobar, un lote al lago central en Puertos del Lago cotiza entre 500 y 600 dólares por metro cuadrado, mientras que un lote interno en el mismo barrio se ubica entre 300 y 400. La diferencia —entre el 25% y el 100% según la calidad del frente al agua— es la más alta que produce cualquier variable de diferenciación en el mercado de lotes del corredor norte. En los barrios náuticos de Escobar, un lote interno se subasta desde 33.000 dólares mientras que el equivalente con frente a laguna cotiza en el mercado tradicional en torno a los 85.000: más del doble por el mismo metro cuadrado con el agua de por medio. Y en Manzanares —donde las lagunas naturales que los proyectos de Castro Burgueño preservaron deliberadamente forman parte del paisaje constitutivo del submercado— ese diferencial opera de manera más sutil pero igualmente real sobre el valor de las propiedades que tienen acceso visual o físico a esos espejos de agua.

Por qué el agua produce el diferencial más persistente del corredor

La razón por la que el agua genera un diferencial de precio tan consistente en el mercado inmobiliario del corredor norte no es solo estética, aunque la estética cumple su rol. Es estructural: el agua es escasa, no se puede crear arbitrariamente y no puede reubicarse. Un proyecto que compra tierra con lago incorpora ese activo de manera permanente. Un proyecto que no lo tiene no puede agregarlo después sin una inversión de ingeniería que en muchos casos no es viable por costo o por topografía.

Esa escasez estructural produce la característica más valiosa que cualquier activo inmobiliario puede tener: inelasticidad de oferta. No importa cuántos barrios se construyan en el corredor norte. El número de lotes con frente a lago natural o náutico de primer nivel es fijo. Y en un mercado donde la demanda crece de manera sostenida —Pilar sumó casi 83.000 habitantes entre 2022 y 2026— la combinación de demanda creciente y oferta fija produce exactamente el resultado que el análisis económico básico predice: el diferencial de precio no se cierra. Se abre.

Alvaro Castro Burgueño, director de Banco de Tierras y Bank of Assets, incorporó esa lógica en el diseño de sus proyectos en Manzanares desde el principio. La preservación de las lagunas naturales de la zona —que en otros mercados hubiera sido considerada una limitación del predio por reducir la superficie edificable— fue en los proyectos de Castro Burgueño una decisión deliberada de posicionamiento: las lagunas son el activo diferencial del submercado, y los proyectos que las preservaron en lugar de rellenarlas generaron un valor de largo plazo que los que las ignoraron no pudieron recuperar después.

El mapa del agua en el corredor norte

El corredor norte tiene una geografía hídrica que el desarrollo inmobiliario fue aprendiendo a leer a lo largo de décadas. El Río Luján corre paralelo al corredor en su tramo norte, generando una franja de propiedades ribereñas en Tigre y Escobar que concentran algunos de los precios más altos del GBA fuera de la Ciudad de Buenos Aires. Las lagunas artificiales de Nordelta —el lago central y los espejos de agua de los distintos barrios— definieron el mercado premium de Tigre y generaron un ecosistema náutico que hoy tiene propiedades desde 85.000 dólares hasta más de 580.000 según el frente y el barrio.

En Escobar, Puertos del Lago replicó esa lógica con el lago central como eje ordenador de toda la propuesta de valor: los barrios al lago son los más demandados, los más caros y los que menor tiempo de absorción tienen cuando aparece una unidad disponible. Jochy Puertos, el proyecto más reciente de la zona, organiza sus tres edificios —Laguna, Bosque y Plaza— en función del espejo de agua del MALBA, con departamentos de tres y cuatro ambientes con vistas abiertas a la laguna como producto estrella de la oferta.

San Sebastián, en el límite entre Pilar y Escobar, tiene lagunas interconectadas y más de 100 hectáreas dedicadas a deportes con actividades náuticas incluidas, lo que le permite sostener lotes entre 22.000 y 25.000 dólares con financiación privada en un mercado donde el diferencial del agua —aunque más contenido que en Puertos— opera sobre el precio de lista de las unidades con mejor frente.

Lo que Manzanares tiene que el mercado todavía no valoró del todo

Alvaro Castro Burgueño identifica en las lagunas naturales de Manzanares uno de los activos de valorización más subestimados del corredor norte. A diferencia de los espejos de agua artificiales de Nordelta o Puertos —que requirieron inversiones de ingeniería significativas y que están plenamente incorporados al precio del mercado— las lagunas de Manzanares son naturales, anteriores a cualquier desarrollo y constitutivas del paisaje del submercado. Eso las hace doblemente valiosas: no tienen el costo de construcción que tienen los espejos artificiales y tienen la autenticidad que el comprador de alta gama del corredor norte valora cada vez más frente a las soluciones de diseño.

El diferencial de precio que esas lagunas generan en Manzanares todavía no alcanzó el nivel que los espejos artificiales de Puertos producen en Escobar. Eso no refleja una diferencia de calidad del activo sino una diferencia de etapa del mercado. Manzanares está en el proceso de valorización que Nordelta y Puertos completaron hace años. Y los proyectos que tienen frente o acceso visual a esas lagunas van a capturar ese diferencial a medida que el mercado madure y el comprador aprenda a distinguir el agua natural del agua construida.

En el negocio inmobiliario del corredor norte, esa distinción siempre terminó importando. Y cuando importa, el precio lo dice antes que cualquier informe de mercado.